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Sandra, Pablo y yo

En mis años (más) mozos durante un tiempo busqué, inútilmente, una novia que imaginaba perfecta, y perfectamente la tenía dibujada en la cabeza y el cuerpo. Era linda de rostro, tierna, cariñosa, piel morena, pelo largo y azabache, suelto siempre; ojos de miel. Sonrisa como el mar, o el sol, o el amanecer. Labios apenas pintados, como la cara. Manos pequeñitas, dedos largos y finos, suaves, que cuando trazaran figuras en mi espalda podrían hacerme desfallecer, de la emoción o del sueño placentero.

Basten esos rasgos para confesar que todo ese lapso fue la mujer de mis sueños. ¡Y qué soñaba! Créanme, despierto y dormido.

La chica de ese sueño repetido cada día tenía nombre. Corto, sonoro: Sandra. El nombre no lo escogí yo. Sí, no fui original, también lo confieso. Era el nombre de una canción que había escrito Pablo Milanés y del cual me enamoré. Del nombre, no de Pablo, por supuesto.

Busqué a Sandra varios meses, tal vez tres años. Cada vez que conocía una chica así, o algo parecida, que me llevara a asomar al pozo de la eternidad, lo primero que interrogaba era su nombre. Alguna vez la jovencita, un poco turbada por mi excitación, antes que responderme advirtió que tenía novio, era celoso y estaba cerca. Eso no me decepcionó tanto como saber que su acta de nacimiento consignaba otro nombre. Pero no, no era la Sandra de mis amores oníricos. No apareció jamás. ¡Maldita sea!

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Inicia mi veda electoral

En mi estado comenzaron las campañas electorales de nuevo. En realidad, no habían terminado, pero estaban en otra fase.

Después de hoy no tocaré públicamente el tema en mi columna periodística, ni en las páginas que restan a este Diario. Inicia mi veda electoral. Entre paréntesis: habrá suficiente basura y mejor no destapar el bote para siquiera olerla.

Diez minutos de noticias en radio, esta mañana, me resultaron suficientes para confirmar el pobre nivel de nuestra subdesarrollada condición democrática. ¿Es eso lo que merecemos como ciudadanía? Posiblemente sí. Facebook exhibe nuestras miserias y vergüenzas.

No comparto la decisión de otras campañas, más gastos, más demagogia, más cancioncitas, más disputas, este triste espectáculo que empezó ayer. Si se anulaban las elecciones, lo que procedía, desde una primitiva opinión, es que se convocara a la fecha muy próxima, y a votar.

El inicio es claro augurio, y me temo que será apenas el despertar de otra onda expansiva de acusaciones, guerras de lodo, intrigas, mentiras. Ángeles contra demonios. Pero yo, desde que dejé de ir a la matiné en mi pueblo, hace bastantes añitos, ya no creo en las películas del Santo contra las momias.

No, no creo que eso necesitemos en Colima o el país. Es verdad, a nadie importan estas opiniones. Pero creo que tiene razón Krishnamurti: adaptarse a una sociedad enferma no es sinónimo de buena salud.

Carta al nuevo presidente argentino

Los errores de la llamada Era K son inocultables. Néstor y Cristina Fernández, la última, sobre todo, llevaron a tal extremo la polarización social, como para que el pueblo argentino eligiera a un cuestionado empresario, frívolo y poco sensible a las necesidades mayoritarias.

El hartazgo, alentado por medios poderosos, provocó que prefirieran un presidente como Mauricio Macri (el señor Burns de Los Simpons, me contó divertido un niño argentino en Córdoba), antes que continuar la historia del kirchnerismo.

Macri, ex presidente del club de fútbol más popular de Argentina, desde hoy nuevo presidente, fue objeto de una carta escrita por Mempo Giardinelli, periodista y escritor, que la hizo pública a través del diario “Página 12”. Si a algunos provoca flojera leerla completa, la resumo con sus palabras finales:

En abril de 2010 escribí en este diario una nota rechazando la Medalla del Bicentenario que otorgara su gobierno municipal a la Fundación que presido en el Chaco. Lo hice para no tener que darle mi mano, que estaba y sigue limpia, y porque yo tenía, como tengo, una muy mala opinión respecto de sus cualidades personales, de gestión y sobre todo éticas. Ahora sigo pensando que es usted una persona por lo menos insincera que obviamente no es el presidente que la mitad apenas minoritaria de los argentinos quería. Pero así es la democracia y por eso no puedo sino desearle todo lo mejor por el bien de mi país. Que no es estrictamente el suyo.

Finalmente, corresponde recordarle que somos muchos, muchísimos los argentinos que esperamos que su paso por la primera magistratura de esta república dure sólo cuatro años y no sea especialmente dañosa. Confiamos en ello porque muy estrecha fue su mayoría y porque el pueblo argentino siempre vuelve. Y nosotros volveremos, no lo dude.

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La insoportable brevedad del poder

Nadie es tan poderoso para sentarse impávido a mirar cómo transcurre la eternidad. Nadie. Aunque los acólitos y jilgueros de la prensa no se cansen de repetirle, un día sí, otro también, que nadie es más guapo, inteligente y carismático, la cortina del poderoso termina por desvelarse suavemente o caerse en pedazos. Como cayeron los tiranos de distintas épocas y geografías, con más o menos infortunio.

¿Qué es un político en este medio mexicano, colimense, sin un aparato propagandístico fina y generosamente aceitado con pesos y regalos? ¿Qué es un político sin micrófonos siempre a su disposición, sin reporteros que olvidaron las fronteras de la dignidad profesional? No digo que no habrá de otra calaña, pero la gran mayoría son de oropel.

Pepe Mujica, viejo sabio (no me canso de repetirlo y él de confirmarlo), volvió a hacer declaraciones para la prensa española hace diez días. Los políticos, aunque se ubiquen en las antípodas del ex presidente uruguayo, harían bien en escucharle, aunque no admitan nada ni lo declaren.

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Nada nuevo, pero…

No dijo nada nuevo. Ninguna novedad. Lugares comunes, si somos estrictos en el examen.

Las palabras del nuevo rector de la UNAM sobre la reforma educativa fueron pocas pero contundentes. Tuvieron alguna resonancia en medios y eso magnifica.

La declaración del rector de la UNAM, en palabras de un profesor ordinario, sin blasones ni reconocimiento, difícilmente habría sido recogida en los medios, en cualquier medio. Pero dichas por el rector de la máxima casa de estudios del país son un misil que ya debe estar generando respuesta oficial.

No porque lo dijo el rector unamita el gobierno federal está obligado a detonar esa otra reforma propiamente educativa. Pero ahora, porque también él puso el dedo en la llaga y no solo una manada de alborotadores y rompedores de clases.

La bola está de nuevo en la cancha gubernamental.

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