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Diario de viaje: San Luis Potosí

Invitado por la Secretaría Académica participé este fin de semana en un par de actividades con profesores de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. A pesar de la fugacidad del viaje y las pocas horas que pasé en la capital potosina, las transcurridas fueron muy estimulantes.

Primero, escuché las exposiciones que nos presentaron en un foro donde se compartieron buenas prácticas de innovación educativa. El material elaborado y la disposición de los maestros auguran, con el apoyo de la universidad, un producto ejemplar, que comparta experiencias de aprendizaje, reconozca desempeños e invite a emprender nuevos desafíos. Estoy convencido de que esa clase de ejercicios profesionales y pedagógicos son indispensables en las escuelas, para descubrirnos en la enorme riqueza que no siempre valoramos ni alentamos.

Ojalá dentro de algunos meses, de alguna manera, me entere de que han concluido este trabajo y publicado un libro donde se resuman las experiencias de maestros y maestras que dejan lo mejor de su capacidad para la formación de los estudiantes potosinos.

En la segunda actividad les presenté una conferencia cuyo propósito era reflexionar sobre el oficio docente a partir de un conjunto de ideas propias y de algunos autores caros en mi concepción del tema. A pesar del día, sábado, no laborable, la concurrencia y el alud de comentarios e interrogantes me sorprendieron gratamente. No diré más que confesar alegría y satisfacción por lo que sentí y observé.

Regreso a Colima cuando la tarde fenece. La oscuridad esconde el paisaje al paso del autobús. Resta un largo viaje con escala en Guadalajara.

No sé si volveré, pero me llevo la creencia de que en esta universidad, sus autoridades y muchos profesores están decididos a construir una institución a la altura de lo que hoy demandan las exigencias formativas.

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Mis alegrías de este fin de semana se multiplican. Sendos amigos, de dos puntos distantes del país, me cuentan que encontraron mi libro Aprendiendo a enseñar. Los caminos de la docencia, en el stand de la Universidad de Colima en la Feria Internacional del Libro. Además, me envían las fotos que recibo jubiloso.

Más de dos años pasaron ya de su publicación y sigue caminando vigoroso. Hoy en San Luis Potosí se vendieron todos los ejemplares que traje conmigo, y por las imágenes, algunos en la FIL. Vive, pues, y con un poquito de suerte, podría tener futuro un tiempito más. ¡Ya veremos!

Entre San Luis Potosí y Guadalajara

La violencia no es exclusiva

El 25 de noviembre se conmemoró (reclamó, reivindicó) la lucha contra la violencia que sufren mujeres y niñas.

Nadie cuerdo y responsable puede estar en contra de una batalla así, pero me da por pensar que si ponemos toda la atención en ella, corremos el riesgo de no mirar que ese cáncer social no daña solo a las mujeres. Que el problema es más grave, profundo y grande. Explico breve.

La mitad de la población nacional viviendo en la pobreza es una brutal forma de violencia que priva de satisfactores materiales y simbólicos. El analfabetismo es expresión de injusticia y violencia contra todavía varios millones de mexicanos.

Violencia sufren los niños (hombrecitos), que en lugar de estar en la escuela deben acompañar a sus padres a trabajos varios, en el campo o la ciudad, perdiendo la posibilidad incluso de la esperanza, pues su horizonte permanecerá oscuro casi fatalmente.

La explotación laboral violenta que sufren millones de mexicanos no es guiño a la convivencia pacífica.

¿Y la indignante condición que sufren ahora mismo los adultos mayores de Colima, que no han recibido su pensión, no es acaso una manera de violentar derechos elementales (y la legalidad)?  ¿Y la que sufren los indígenas o los migrantes centroamericanos?

No sé si es sensato colocar unas batallas encima de otras, unas más importantes. Lo que sí tengo claro es que ningún tipo de violencia es admisible y nos avergüenza como ciudadanos.

El oficio de escribir

escribir-para-la-redEsta tarde terminé la lectura de Escribir para la red. Reflexiones sobre la nueva (y vieja) escritura informativa ‘online’, libro colectivo coordinado por José Manuel Pérez Tornero y Santiago Tejedor, con el sello de la Universidad Autónoma de Barcelona.

La propuesta es muy interesante en el tratamiento de los temas y diseño. Resalto esa característica porque la forma suele no atenderse en el comentario de un libro, aunque la virtud mayor es la conjunción de esos y otros rasgos, como la brevedad, diversidad y practicidad.

En cada uno de los 41 capítulos hay conceptos, estrategias, ideas, consejos y recomendaciones bibliográficas sencillas y claras.

Obra valiosa para periodistas, o simples aficionados a la lectura y la escritura en esta era de redes sociales, marcada por la instantaneidad, fugacidad y escasez de tiempo para dedicarlo a textos farragosos y anticuados.

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Retomo mi lectura de la biografía no autorizada de Eduardo Galeano (Galeano. Apuntes para una biografía, de Fabián Kovacic), un maestro del periodismo y la palabra precisa y preciosa. En una entrevista habría dicho: (Tengo) fe en el oficio de escribir, la certeza de que es posible hacerlo sin venderse ni alquilarse. La fe que la lucha por la dignidad humana vale la pena, aunque sea para perder.

Desafíos de la obligatoriedad del bachillerato (2a parte)

¿Es posible que el Sistema Nacional de Bachillerato y las políticas de la Reforma Integral de la Educación Media Superior permitan alcanzar el objetivo de universalización en el ciclo 2021-2022? Si no se cumple, ¿qué sucederá?

Los problemas estructurales irresueltos hoy condenan a que millones y millones de niños y jóvenes no escapen de la maldición de “La triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada”, es decir, a pagar una condena por delitos no cometidos: la exclusión del derecho a la educación.

A ese grave problema agregaría otros desafíos pendientes en la promesa de extender la obligatoriedad del bachillerato.

Primero, construir proyectos educativos para sujetos diferentes, cuyas condiciones muchas veces ni siquiera conocemos. Estudiantes que trabajan, que tienen hijos, con deficiencias formativas detectadas por los propios instrumentos de medición oficiales y que no suelen atenderse ni en el currículum ni en las políticas educativas.

En dicho proyecto debe instalarse la colegialidad, los equipos, las academias de maestros para reflexionar y tomar decisiones sobre aspectos cruciales de su labor: el aprendizaje, las formas de enseñanza, la relevancia de los contenidos, la disciplina, el desarrollo de la autonomía, entre muchos. ¿Cómo hacerlo sin profesores de tiempo completo que puedan comprometerse?

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Tarde literaria

Pasé dos horas gratas en lo que un grupo de estudiantes de pedagogía en la Universidad llamaron “Tarde literaria”. Reunidos en la explanada, en torno a una pequeña mesa, sin pompa ni ceremonia, dos colegas maestras y tres alumnos leyeron y comentaron textos elegidos previamente.

Los asistentes escuchamos con atención, aplaudimos emocionados (creo), tomamos café, unas galletas y ganamos libros rifados que habían obsequiado profesores.

El resultado fue estupendo y cerró con la participación de Víctor Chi, narrador oral de la Secretaría de Cultura.

Escuchando a los jóvenes recordé a un colega y amigo, Juan Fidel Zorrilla, con quien conversé la semana anterior en el Congreso Nacional de Investigación Educativa. Juan Fidel tiene una interesante concepción de la vida universitaria; palabras más, palabras menos, afirma: la universidad existe cuando un estudiante toma un libro académico, científico o humanístico, lo lee, lo comprende y escribe o expresa verbalmente algo inteligente. Es decir, la universidad es un espacio de pensamiento, palabra, expresión, actividad con sentido.

Esta tarde, en la explanada de Pedagogía, a pesar de la oscuridad de la noche, he visto la universidad.

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