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La universidad, conciencia crítica

El discurso del rector de la UNAM en la apertura del segundo encuentro de rectores del grupo Universia mereció, en muchos medios periodísticos nacionales y extranjeros, menciones destacadas. No fue una oportunidad más de expresar la opinión de otros mexicanos y latinoamericanos: a pocos metros de donde leía su mensaje lo escuchaba el presidente de la República, destinatario de una exigencia respetuosa pero enérgica, igual que otros presidentes que comparten la misma visión sobre la educación, su contribución a las sociedades y la inversión que deben hacer los gobiernos.

El mensaje de crítica y esperanza de José Narro me llevó a releer partes de un libro que tengo por excepcional, como su autor: “De la perplejidad a la utopía”, escrito en capítulos independientes por Carlos de la Isla. Allí reencontré páginas provocadoras y sugerentes. De una de ellas tomé el título para esta colaboración.

De Carlos de la Isla, de su proclama de la universidad como conciencia crítica se pueden desprender múltiples lecciones. Ahora me interesa destacar la obligación de ser participantes de su tiempo, de nuestro tiempo, entre otras vías, mediante la reflexión, especialmente en momentos en que las sociedades son víctimas de sus propios demonios, encarnados en la violencia, el crimen, la impunidad, la corrupción, la ambición, todos ellos humanos y nada más habituales en nuestra especie.

Frente a ese mare magnum de circunstancias difíciles, las instituciones sociales, la escuela en primer término, tienen que dar una batalla ardua pero necesaria: educar a los ciudadanos en las virtudes que nos hagan construir tejidos sociales donde se reinstalen la convivencia, el respeto a la diversidad y la búsqueda de la felicidad para todos.

En esa búsqueda las universidades tienen una enorme tarea, y de ella deben derivarse, entre muchos beneficios, las ideas, las preguntas y las respuestas provisionales, siempre necesarias y siempre urgentes para encontrar la brújula que reoriente el camino. En las universidades no están todas las respuestas, ni deben estarlo, pero sí está la obligación de pensar todas las preguntas.

Afortunadas coincidencias

Tengo por costumbre primitiva, desde hace algunos años, escribir mis colaboraciones periodísticas a mano, en la primera hoja que encuentro disponible. Luego, mientras la tecleó en la computadora tengo la oportunidad de revisarla y corregirla, o como también sucede, desecharla. Esta vez, mientras me disponía a escribir la colaboración de turno, leí en “El país” un artículo que llamó mi atención, por su autoría y por el título: “La ciencia y la universidad reivindican el pensamiento crítico”, escrito en coautoría por Federico Mayor Zaragoza, doctorado honoris causa por la Universidad de Colima y ex director general de la UNESCO.

En su carta los autores se adhieren a un manifiesto firmado en España por más de 900 universitarios y científicos de 45 universidades públicas españolas en defensa, precisamente, del pensamiento crítico. El texto merece una glosa aparte, y por la extensión disponible sólo compartiré un párrafo muy ilustrativo: “Creemos que ha llegado el momento de manifestar en público el malestar latente y de hacer frente al miedo ante la situación que se está creando en el país. Tenemos suficientes razones para pensar así. Entendemos que la generación de conocimiento y la capacidad de crítica son misiones sustanciales de la universidad y son también parte del espíritu científico cuando éste se quiere a la vez cívico y ciudadano. Reivindicamos, pues, el pensamiento crítico. Y pensamos que reivindicar aquí y ahora el pensamiento crítico, como científicos y como intelectuales, incluye asumir la responsabilidad de nuestro trabajo, responsabilidad que ha de ser tanto mayor cuanto más se goza de ese privilegio que es contribuir a la producción y generación de conocimiento. No sólo eso: creemos que el tiempo del silencio ha concluido. Que las comunidades científicas, artísticas y académicas deben impulsar la movilización democrática para la gran transición de súbditos resignados a ciudadanos plenos y participativos.”

Fuente: Periódico El Comentario

Honrados mercenarios

Aunque suelo leerlo en el periódico “Milenio”, prefiero disfrutarlo en sus libros, hechos de las colaboraciones semanales que se distribuyen en varios medios del mundo, desde hace casi dos décadas. Me refiero a Arturo Pérez-Reverte, reportero de guerra y escritor español, todavía descalificado en algunos círculos literarios, que ha logrado cuajar una trayectoria sólida en la que sobresalen las seis novelas del Capitán Alatriste. Pero no quiero hacer un panegírico del también miembro de la Real Academia Española, sino compartir el goce de haber concluido mi lectura de las 625 páginas del libro que lleva por título “Cuando éramos honrados mercenarios. Artículos 2005-2010”.

Como el título reza, se reúnen en la obra las colaboraciones que Pérez-Reverte escribió en el quinquenio anterior, sobre una gama amplia de temas, entre otros, el cine, las mujeres, el periodismo, las feministas de género y génera, los Tigres del Norte, la violencia, el mar, España, libros, ciudades, cartas náuticas, los niños, la historia –de España-, los turistas, la educación, la política y los políticos, museos, cafés, armas, bares, sus nostalgias, en fin.

Disfruto casi todas. Unas me divierten, de otras aprendo, o intento, al menos; algunas son provocadoras incitaciones a la reflexión sobre lo cotidiano que se va gastando. Otras las discuto, no me gustan y me quema su acidez, pero con el mismo talante que se escriben las leo y paso la hoja. Cada uno escribe lo que quiere, como le pega la gana, y cada cual lee lo que quiere y frente a lo leído asume la postura que le plazca. Así escribe Pérez-Reverte, así lo leo. Estamos a mano.

Como esto no es una reseña, y ya no cabe mucho más, diré que entre los folios leídos encontré muchos ya conocidos, otros aparecieron por primera vez. Pocos de ellos no volvería a leer, otros, creo, los usaré en alguna clase, un día, hoy por ejemplo, cerca de terminar el semestre. Si alguien tiene interés en reflexionar sobre nuestros maestros, le dejaré un pedazo de “Un héroe de nuestro tiempo”, página 139:

“Ahí sigue, el tío. Aún no se ha vuelto un mercenario de la tiza, de esos que entran en el aula como quien ficha donde no le va ni le viene. Tal vez porque todavía es joven, o porque es optimista, o porque tuvo un profesor que alentó su amor por las letras y la historia, cree que siempre hay justos que merecen salvarse aunque llueva pedrisco rojo sobre Sodoma. Por eso cada día, pese a todo, sigue vistiéndose para a ir a sus clases de Geografía e Historia en el instituto con la misma decisión con la que sus héroes, los que descubrió en los libros entre versos de la Ilíada, se ponían la broncínea loriga y el tremolante casco, antes de pelear por una mujer o por una ciudad bajo las murallas de Troya. Dicho en tres palabras: todavía tienen fe”.

Fuente: Periódico El Comentario

Presupuesto y comprensión

Al segundo encuentro de rectores organizado en Guadalajara por Universia acudieron casi mil titulares de universidades de 23 países iberoamericanos, bajo el lema “Por un espacio iberoamericano del conocimiento socialmente responsable”. La ceremonia inaugural fue un marco espléndido para escuchar distintos discursos que, como cabía esperar, pusieron el acento en la educación y disertaron sobre su preeminencia en la construcción de un porvenir más venturoso. Si la suerte de las escuelas y la formación de los estudiantes dependieran de los discursos, nuestros sistemas educativos serían orgullo legítimo, pero estamos un poco lejos, es decir, los discursos no son suficientes.

Universia es una iniciativa creada en el año 2000 por un conjunto de universidades españolas, la Conferencia española de rectores y el mecenazgo del grupo Santander. Sus números a lo largo de una década revelan una creciente presencia e inestimables beneficios para las instituciones educativas, los países y sobre todo para muchísimos estudiantes que han encontrado becas o empleos a través de sus portales, un logro que no se puede escatimar al grupo Santander.

En la apertura del encuentro, inaugurado por Felipe Calderón, estuvieron a cargo de los discursos el gobernador de Jalisco, el rector de la UNAM, el secretario de Educación Pública y el presidente de Universia y de grupo Santander, Emilio Botín. Dos discursos me parecieron sobresalientes, por distintos motivos: los de Emilio Botín y José Narro Robles. Ninguno me gustó más que el del rector de la UNAM, quien habló de los desafíos de las sociedades y de la educación en nuestra región, así como de la esperanza en que es posible, dijo, hacerlo mejor. Afirmó contundente: no le demos la razón a quienes piensan que el futuro ya no tiene porvenir.

Con la autoridad moral de conducir la máxima casa de estudios nacional, una de las más importantes en el continente, con su sapiencia y valentía, leyó un discurso ad hoc, breve, preciso, sin desperdicio. Dos escenas retratan la personalidad del rector Narro: sus últimas palabras, cuando recordó el lema de la UNAM (“Por mi raza hablará el espíritu”), para dejar en claro que es la raza, o las razas, las que tienen que encontrar en las universidades un sitio para su formación; sin todas las razas en la universidad no hay desarrollo justo. La otra fue una alusión para no perder de vista que los discursos son congruentes con los hechos o no tienen valor. Dijo, y hay que repetirlo: presupuesto y comprensión para la educación superior pública es lo que, respetuosamente, exigimos. Presupuesto, comprensión, exigencia, claro y simple.

Fuente: Periódico El Comentario

La maravilla de la tecnología

Las tecnologías de la información y la comunicación, con sus necesarios e infinitos debates están constituyendo, sin duda, un parteaguas en la historia del ser humano, en la que se ha de contar en los libros de texto y en los almanaques, en los sesudos estudios académicos, en las reflexiones libres, pero también en las historias de las mujeres y hombres comunes, de carne y hueso.

El sitio en la historia de las llamadas sintéticamente “tecnologías” es indiscutible. En general soy indiferente a sus seducciones, a las de los nuevos aparatos y sus aplicaciones, todo ello rápidamente obsoleto por la cotidiana novedad. Mi celular, por ejemplo, sólo sirve para lo que en principio servían los teléfonos: para comunicarme con una persona que no está conmigo. Lo mismo me sucede con Internet. Soy casi un analfabeto funcional, lo acepto, pero disfruto las maravillas que de allí pueden emerger, por ejemplo, el libro de José Saramago titulado “El cuaderno. Textos escritos para el blog. Septiembre de 2008-marzo de 2009”.

No voy a decir nada contra ciertos usos de las tecnologías, o de Internet, sino aplaudir que un señor de tamaña lucidez y generosidad nos comparta sus casi cotidianas vivencias en una obra exquisita, que nos recuerda “Los cuadernos de Lanzarote”, pero que es única desde ya, entrañable y propicia también para compartirse.

Sólo para ilustrar un poco el tono de algunos de sus textos, e invitar a su lectura, les transcribo estas reflexiones (descripción, para ser preciso) sobre el ex presidente norteamericano: “Me pregunto cómo y por qué Estados Unidos, un país en todo grande, ha tenido, tantas veces, presidentes tan pequeños. George Bush es tal vez el más pequeño de todos… No sabemos lo que realmente piensa, ni siquiera sabemos si piensa…”

Fuente: Periódico El Comentario

La nueva dinámica de las universidades

El llamado neointervencionismo estatal en las instituciones de educación superior, especialmente en las universidades públicas, conforma hoy uno de los objetos de estudio más vigorosos en el campo educativo mexicano, desde distintas perspectivas (políticas, económicas, sociológicas y pedagógicas).

Autonomía universitaria, productivismo, burocratización, sobre regulación, empresarialización y gobierno universitario son, entre otras, algunas de las palabras clave del tema. Ya no hay duda en algunas zonas del debate. Por ejemplo, una de las conclusiones más comunes es que asistimos a una mutación profunda de la universidad, no epidérmica, pero con algunos rasgos poco deseables para la academia.

Dejo enseguida un extenso párrafo tomado del libro de Adrián Acosta, de sugerente y evocador título (“Príncipes, burócratas y gerentes. El gobierno de las universidades públicas en México”, ANUIES, 2009), para ilustrar riesgos inminentes: “Pero otra de las consecuencias del nuevo intervencionismo estatal tiene que ver con la obsesión por el control de los insumos, los procesos y los resultados de las acciones gubernamentales en la educación superior. De esta obsesión –y sus respectivas traducciones institucionales en cada universidad- se alimenta el llenado masivo de formatos, informes, evaluaciones, autoevaluaciones, producción de indicadores, documentos, reuniones, talleres, seminarios. El activismo de los funcionarios gubernamentales y universitarios se ha respaldado en programas, metodologías y enfoques que han alcanzado un insospechado grado de sofisticación, alimentado en su mayor parte por consultores locales e internacionales que han incorporado a las universidades públicas entre el tipo de organizaciones que conforman sus carteras de clientes y proveedores –parte de lo que se ha denominado como la ‘empresarialización’ de la universidad… Todo ello tiene que ver, más que con la rendición de cuentas (el paradigma invocado por el propio gobierno federal para argumentar su activismo), con el control burocrático sobre las universidades y sobre los académicos, que ha confeccionado una extraña mezcla de resultados no deseados o perversos en la gestión universitaria, que van desde sospechas sobre la manipulación de la información institucional hasta la certeza sobre el fortalecimiento del fenómeno de sobre burocratización de la vida académica universitaria”.

La realidad que pinta el párrafo de Adrián Acosta es ya, para nuestra desgracia, un retrato costumbrista de la vida en las universidades públicas mexicanas. Su costo puede ser incalculable. Por fortuna, tiene solución. Una de las ideas más simples pero profundas del educador brasileño Paulo Freire es que el mundo no es, que la educación no es, sino que están siendo, por tanto no están acabados. Si creemos en la idea freireana, entonces la transformación de la educación superior mexicana, en los rasgos indeseables que describe Adrián Acosta, no está agotada, depende de sus actores, y puede ser distinta. ¿Será deseable para muchos?

Fuente: Periódico El Comentario

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