Las vacaciones y yo

Las vacaciones van mudando con nosotros. Por lo menos es mi caso. En los años que abandonaba la infancia, en el pueblo, lejos de la playa y de la posibilidad de tomar un avión o un autobús, eran momento para conseguirse un trabajito en el campo y ganarse unos pesos. Abonar la milpa o la caña (tarea más pesada y dolorosa) eran las más comunes; sembrar maíz era frecuente, pero menos. Para las ventas no tuve gracia, ni me simpatizaba.

Cuando recuerdo aquellos veranos, o vacaciones cortas, nunca tengo sentimientos de pesar o frustración. Eran buenos tiempos. Y una experiencia formativa indudable. Para tener cien pesos o veinte, había que pasar varias horas caminando y sufriendo el sol a pleno, conversando con los colegas de al lado; ganándoselos con el sudor de la frente, la espalda y todo lo sudable. Esa sensación modera pedir dinero a los padres, y resulta un hábito perenne. Trabajar así era divertido, por la convivencia en el traslado, la hora de la comida o el regreso festivo para pasar el resto del día sin nada más que hacer y la sensación de no tener más urgencia que comer cuando apretara la hora o la madre ordenara.

Luego vinieron las obligaciones. Casi dos años en Ciudad de México le dieron un sabor distinto a volver a casa, aunque ese parteaguas me alejó para siempre. Entonces volvía feliz después de viajar la noche entera. Tampoco había más afán que pasarlo bien.

Durante muchos años las vacaciones eran el momento de leer y leer solo lo que tuviera ganas. Antes que planear a dónde, ordenaba los libros que me proponía asaltar en las dos o tres semanas por delante. No sé si me divertí mucho, pero nunca me aburrí.

Con los hijos la realidad gira radicalmente. Ya no se puede pensar solo en los libros y lo que cada uno quiere para divertirse sin demasiado bullicio ni movimiento. Hay que abrirle hueco a las risas infantiles, a jornadas más largas que la laboral. Y disfrutar todo lo posible la diversión ajena.

Cuando casi todos tienen vacaciones, menos uno, y sí mucho trabajo, la cosa también cambia. Y hay que aprender a manejarlas. En esa materia estoy preparando examen. Ya les contaré cómo resulta.

Deja tu comentario