Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes

CON MARIANA BELÉN YÁÑEZ

Me gusta regalar libros a mis hijos. Al principio, cuando comenzaban su peregrinaje por el mundo de las palabras, era más insistente en los obsequios. Son niños normales, así que no es su regalo favorito, y ahora voy desgranándolos de a poco, buscando los que creo interesantes o, mejor, procurando que ellos elijan. No me corre prisa porque lean y menos jactarme de tener a dos lectores voraces, obsesivos, o presumirle a mis colegas de paternidad que en casa los más pequeños solo se divierten leyendo y nunca ven tele o cosas de menor prestigio.

Hay tiempo para todo, para todas las actividades posibles. Y hay prioridades: a la lectura sus momentos; al gusto, su proceso de maduración. Ya tienen en la escuela obligación de leer libros que no eligieron, así que en casa la cosa va por otros rieles.

Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes se me apareció frente a los ojos entre los pasillos de Walmart. No lo dudé. Lo compré y guardé para ocasión especial. Llegó. Mariana Belén lo trajo consigo varios días, incluso lo llevaba a la escuela y aprovechaba, dice, para leer en las pausas del trajín escolar. Cuando la vi enfrascada le propuse escribir una reseña para publicarla en mi Cuaderno. Dudó y dijo, tal vez sí, o algo parecido. Le insistí durante días y me cansé de evasivas. Supuse que tenía miedo. La atajé: ¿no te gustaría ver tu nombre en un artículo publicado? ¿Mostrarlo a tus amigas? No, disparó al instante. Dirán que soy presumida. No esperaba su respuesta, pero comprendí: naturalmente es tímida. La dejé un tiempo, le pedí prestado el libro y comencé a leerlo.

Desde las primeras páginas me gustó la obra de Elena Favilli y Francesca Cavallo. Era justo lo que me transmitió la portada: historias cortitas, bien escritas y bellamente ilustradas por mujeres artistas de todo el mundo. El gusanito de la inquietud me rebulló. Le insistí que escribiéramos juntos un comentario. Sin tanto convencimiento aceptó. Lo que sigue es el resultado.

El libro atesora historias cortas de mujeres que han cambiado el mundo, desafiando los prejuicios que decían que las mujeres no podían hacer nada y solo servían para la limpieza del hogar o cuidar a los hijos. Que nos enseñan a luchar por lo que queremos para ser hombres o mujeres plenos, libres de ataduras y costumbres nocivas.

El índice lo componen muchas historias, entre otras, la pintora mexicana Frida Kahlo; Coco Chanel, la diseñadora de modas que revolucionó ese mundo; Anna Politovskaya, periodista que retrató los horrores de Rusia en Chechenia; Evita Perón, ícono de la política argentina; las Cholitas escaladoras en Bolivia; Cleopatra, la última faraona del antiguo Egipto; y Rosa Parks, la mujer que desafío el poder de los blancos y el racismo brutal en Estados Unidos.

Si tuviera que elegir alguna, o varias, no sabría cuál, porque todas por su parte fueron una gran inspiración para mí y, supongo, también para el resto de las personas que leyeron o leerán el libro.

La obra es ideal para nosotras que cursamos la escuela primaria, porque está escrita en un lenguaje sencillo, para ser leído o contado mientras la noche llega a las camas de las niñas. La lectura es fácil, además, para mí ha sido un hábito desde pequeña.

Pienso que es un libro que otras niñas deben leer, porque motiva e impulsa a seguir sus sueños y lograr sus metas, demostrando que los hombres no son los únicos que pueden lograr lo que se propongan. Entre sus cosas positivas, encuentro que se trata de mujeres que lograron cambiar el mundo aunque fuera un poquito, otras mucho; que se rebelaron contra las tradiciones horribles de sus pueblos, como la nigeriana Balkissa Chaibou, que desafío la decisión de su padre de casarse con su primo por el deseo de seguir estudiando. Sus ejemplos inspiran. Son historias reales y no ficción. Por último, es producto de un esfuerzo colectivo que hizo posible la obra que disfrutamos.

En conclusión, Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes es un libro que impulsa a las niñas y jóvenes de hoy a seguir sus sueños y luchar por lo que quieren, pues el ser mujer no es sinónimo de debilidad, al contrario, una mujer puede lograr lo que quiere si se lo propone. A todas las mujeres que lean esto, les digo que tengan sueños, que los persigan y no se rindan; es posible si se lo proponen y trabajan para conseguirlos.

 

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