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Día mundial del corazón

corazonIgnoraba que el 25 de septiembre es el día mundial del corazón. La noticia puso muy contento al mío. Un par de brinquillos lo hicieron notar, aunque, temo que en una semana lo habré olvidado. Por fortuna, la ingratitud es pecado venial. ¿O no?

La fecha en el calendario invita a la reflexión. Me acerco a los 50 y mi corazón luce fantástico (eso imagino). No ha tenido sobresaltos mayores hace mucho tiempo y la única vez que me practicaron examen especializado fue para descartar afectaciones por otro mal. Descubrió allí el cardiólogo (y el portador, por supuesto) luego del seguimiento, que ese músculo en mi cuerpo funciona con ritmos lentos, en los límites inferiores. En realidad, casi todos los músculos me funcionan así, aunque eso no pueda demostrarlo clínicamente.

Mi corazón hoy está fuerte y por eso celebraré gozoso el domingo. Los únicos golpes que recibió en la vida fueron provocados por pares femeninos que, en alguna época, lo trajeron maltrecho, pero cuando se dio cuenta que esto, la vida, es como las mareas, que bajan y suben incesantes, pero a la mañana siguiente algo bueno pueden arrojar, se tomó con resignación y, no pocas veces alivio, las peores salvajadas.

No sé si mis pulsaciones cardiacas me hacen más o menos insensible, más o menos propenso a recaídas, pero desde que lo supe aplaudo cuando lo recuerdo, pues intento tomarme la vida con total parsimonia en sintonía con los impulsos del corazón, un gesto de coherencia elemental.

Sorteados los peores obstáculos, navega mi corazón por aguas tranquilas, a veces emocionantes, pero siempre convencido de que lo esencial es el camino, tener una  razón vital para levantarse cada mañana y sonreírle al tipo que mira en el espejo.

LA ESCUELA, LA VIDA, JUAN CARLOS

Caminamos al campus central de la Universidad, Juan Carlos al lado en el auto. Al pasar frente a la estancia infantil a donde asistió varios años, le pregunto:

-Aquí estuviste un tiempito. ¿Te acuerdas?

-Sí, me dice raudo.

-¿Te gustaba estar allí? Enemigo esta vez de los rollos, responde sin dudarlo.

-Sí.

-¿Qué fue lo que más te gustó? De nuevo, sobrio en las respuestas, me dejó primero perplejo, luego sonriente, finalmente desbordado por la risa de ambos.

-¡Que no aprendí nada!

Su picardía me obliga a mirarlo. Sabe que dijo algo inteligente y espera mi reacción. Le tiendo una mano para chocarlas. Avanzamos riéndonos.

Vuelvo a la carga metros adelante.

-¿Cómo que no aprendiste nada? Algo debiste aprender. ¿Qué aprendiste?

-No, nada. No había tareas. Solo jugaba y me divertía. Y no aprendía nada.

Aquí podría dejar mi relato. Y convocar a la reflexión de cada quien.

Pero no. Me parece que la respuesta de Juan Carlos es una veta para admirar un ángulo del significado que tiene la escuela para los niños.

Pequeñito ya, a sus hoy cumplidos seis años, logra establecer claras diferencias entre la vida y la escuela, entre la realidad y la ficción en que de alguna forma es el ritual de la escolaridad. A la escuela se va a estudiar, hay tareas, uniformes, obligaciones, calificaciones, regaños; en la vida se juega, se divierte, se pasan bien las horas en esas edades en que el máximo cometido no puede ser otro que ser niño y feliz.

¿Alguna vez lograremos que la escuela se parezca un poquitín a la vida, en que sea menos aburrida y estresante, y más divertida?

*

IMG_1209Como esbocé líneas arriba, el personaje de esta pequeña anécdota hoy cumplió seis años. Facebook me recordó las fotos y textos que escribí hace dos años, en Santa Fe, Argentina, cuando celebramos su fiesta en nuestro pequeño departamento, con escenografía, piñatas, pastel, comida, regalos, todo hecho por nosotros. Entonces compartí lo que ahora repito:

Seis años ha que nació el segundo de los soles que calientan mi planeta.

Seis años dirigido por un capitán llamado a enderezar el rumbo de mi nave.

Seis años ha.

Seis años.

Seis.

Espiritualidad y política

EspiritualidadEl libro con el título de esta colaboración, Espiritualidad y política, coordinado por Cristóbal Cervantes, reúne un conjunto de capítulos escritos por hombres y mujeres de distintas formaciones y profesiones, que reflexionan en torno a los dos temas centrales, con un núcleo común de preocupaciones y convicciones, con ángulos singulares y aportaciones estimulantes.

Reseñar el libro publicado en España por Kairós no es mi pretensión, solo escribiré algunas líneas para compartirles tan grato hallazgo, posible gracias a la sugerencia de mi dilecto amigo, Juan Miguel Batalloso, un personaje ya habitual en las páginas que escribo.

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Conversemos: a los estudiantes de Telemática

El 17 de agosto de 2011 llegó un mensaje escrito en inglés para responder a una entrada en esta página. Me sorprendió, pero aumentó mi desconcierto al ver llegar dos, tres, diez, veinte mensajes más firmados por nombres desconocidos. Recordé entonces que tres días atrás mi amigo, Arthur Edwards, profesor de inglés en la Universidad de Colima, me había enviado el plan: los alumnos de su materia en la Facultad de Telemática leerían cada semana uno de mis artículos y escribirían un comentario en inglés. Intenté responder a cada uno después de leerlos; en español lo hice, por supuesto. Mi esfuerzo inicial fue superado fácilmente por la cantidad de mensajes que cada mañana esperaban aprobación, así que me resigné a solo leer algunos de ellos, so pena de no dedicar varias horas a mi trabajo. Así ha sido hasta hoy.

Se cumplieron 18 meses de aquel inicio y su presencia jovial e inquieta me resulta una grata compañía: al final del semestre ya conozco los nombres de los muchachos, casi igual que si fueran mis alumnos; sus comentarios siempre son muy gentiles, y muchas veces estimulantes, sobre todo cuando los temas tratan problemas sociales y ellos expresan indignación, solidaridad, sensibilidad… las cualidades que uno espera encontrar en los jóvenes cuando analiza esos temas. Son, lo confieso también, un buen termómetro de la claridad de mi escritura, de la certeza del tema y del interés que les despiertan; un grato puente entre los intereses y preocupaciones de un adulto y las suyas.

Este semestre ya empecé a revisar sus comentarios; estoy seguro que leerán esta entrada muy pronto y quiero proponerles que invirtamos los papeles: que ellos escriban comentarios sobre los temas que les resultan de interés, les preocupan, les gustan o disgustan. A sus respuestas intentaré comentarios que propicien, idealmente, un diálogo que parte no solo de quien escribe, sino de quienes leen.

¡Espero muchos comentarios de respuesta y una buena conversación con ellos, es decir, con ustedes!

¿Nueva generación de políticas para educación superior?

Durante la campaña electoral pasada escuchamos en las voces de todos los actores políticos, en mayor o menor medida, declaraciones en torno a la centralidad de la educación. Sobre el ámbito de la educación superior, en específico, se insistió en su importancia para la transformación económica y política del país con adjetivos desmesurados respecto a las propuestas. No es novedad: prevalecen discursos demagógicos, semivacíos y propuestas poco originales. Poco se podría rescatar de las miles de proclamas vertidas en esos meses.

Para el caso de la educación superior la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, ANUIES, como en las elecciones presidenciales previas, preparó un documento que entregó a los candidatos, obteniendo de ellos aquiescencia y compromisos de apoyo; se llama “Inclusión con responsabilidad social. Una nueva generación de políticas de educación superior”, preparado formalmente con un equipo de investigadores reconocidos en el campo educativo y funcionarios del organismo que agrupa a los rectores, encabezado por su dirigente, Rafael López Castañares. Contiene cinco pequeños apartados, a saber: “Avances y limitaciones en las políticas de educación superior”, “La inclusión social como principio rector de las políticas de educación superior”, “Ejes estratégicos y propuestas”, “Acciones prioritarias” y “Corolario”. Enseguida revisaré el balance hecho a las políticas, programas e instrumentos aplicados en la educación superior desde hace un par de décadas y, en particular, el contenido sobre la evaluación a las instituciones y profesores.

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